Uno de los grandes obstáculos que tienen que superar la mayoría de los deportistas a lo largo de su carrera profesional es, sin duda alguna, una lesión. Éstas suelen ser una fuente importante de tensiones, dolores y sufrimiento, pero también dan lugar a dudas sobre la capacidad del individuo a partir de ese momento de una óptima recuperación y una vuelta al nivel de rendimiento alcanzado en la práctica deportiva antes de producirse dicha lesión.
Podemos decir que existe un doble efecto provocado por las lesiones deportivas. Por un lado, aparecería el dolor, provocando una disfunción de carácter físico. Y por otro lado, se verían alterados también otros factores de carácter psicológico, social, laboral y, en muchas ocasiones, económico.
En líneas generales, podemos localizar las causas de las lesiones diferenciándolas por el momento en el que el deportista se encuentra inmerso en su práctica deportiva. Así, al inicio de la actividad deportiva las causas más frecuentemente descritas corresponden a la falta de dominio corporal, recursos personales deportivos aún deficientes y al desconocimiento de las técnicas de ejecución deportivas más apropiadas; mientras que si hablamos de deporte de alta competición, las lesiones suelen verse influenciadas por un exceso de confianza por parte del deportista y por una serie de exigencias, tanto del individuo en cuestión como del entorno que le rodea, muy elevadas.
Mendelson(1) (1999) enumera las siguientes variables que pueden influir en la aparición de lesiones deportivas:
- Falta de una buena base física.
- Mal estado del terreno de juego o competición.
- Campeonatos cortos (no se puede hacer pre-temporada).
- Demasiadas competiciones (no hay margen para una buena recuperación y un óptimo descanso).
- La propia genética del individuo (tendencia a ciertas lesiones).
- Factores sociales como pueden ser el tipo de dieta seguida por el deportista.
- La presencia de estrés (demasiadas presiones).
- Si existe una lesión, las prisas por volver a competir, no respetando los plazos de rehabilitación y recuperación de la lesión.
- Cambios de cuerpo técnico (distintas formas de trabajar).
- Derrota y clima negativo provocado por la misma.
- Sub-motivación (problemas personales, contractuales, de dinero, etc.).
- Juego más violento (a mayor potencia, choques más duros).
- Comorbilidad con otras enfermedades (gripe, trastornos hepáticos, etc.).
En anteriores ocasiones(2) hemos hecho especial hincapié en la relevancia que adquiere el factor o la variable psicológica del estrés para la práctica deportiva y su resultado final. Una vez más consideramos que éste es un factor muy determinante en la recuperación de las lesiones. Por otra parte, algunos autores también defienden la idea de que en algunas ocasiones las lesiones deportivas pueden aliviar otras fuentes de estrés mayores (por ejemplo: el estrés que produce el exceso de responsabilidad en la competición), convirtiéndose en valiosos mecanismos de escape o evitación.
Además del estrés, existen variables personales que pueden potenciar la aparición de lesiones durante la práctica deportiva, como son:
- Historia de lesiones personales.
- Ansiedad–rasgo (principalmente relacionada con la práctica deportiva).
- Falta de apoyo social.
- Baja motivación de logro.
- Baja autoconfianza.
- Baja autoestima.
- Tendencia al pesimismo.
- Sistema rígido de creencias y actitudes.
- Sub-motivación.
- Sobre-motivación.
- Falta de dedicación a medidas preventivas.
- Alimentación inapropiada (por exceso o defecto).
- Carencias en el equipamiento personal para hacer deporte.
Es decir, como puede deducirse del listado previo de variables que se acaban de enumerar, la personalidad de cada individuo puede no sólo favorecer o, por el contrario, disminuir la aparición o presencia de lesiones, sino hacer que cuando éstas se dan durante la práctica deportiva, su recuperación sea más tardía o más rápida.
Las investigaciones consultadas (Weinberg y Gould, 2007(3)) sobre la posible influencia de los rasgos de personalidad en el rendimiento y/o resultado deportivo, sugieren que los componentes psicológicos y emocionales del propio deportista trascienden los aspectos puramente físicos, técnicos y tácticos de la ejecución deportiva. Así, en palabras de estos mismos autores existe una clara relación entre personalidad y rendimiento deportivo, en la que “los rasgos pueden ayudar a predecir la conducta y el éxito deportivo, aunque esta relación no es de causa y efecto, e intervengan otros factores como el motivacional”.
A pesar de ello, comparadas con los aspectos físicos, técnicos y tácticos, las variables psicológicas no siempre han recibido la atención que se merecen.
En cuanto a los factores que pueden verse relacionados con la presencia de lesiones en el deportista, Heil, Zemper y Carter en 1993(4) realizaron un estudio en el que analizaron una muestra de 1.600 deportistas. Los resultados que obtuvieron fueron los que se detallan a continuación:
- El 27,9% de las lesiones tenían una causa más o menos directa con problemas externos al deportista.
- El 12,7% correspondía al comportamiento inadecuado (agresivo, poco ético) de otros deportistas.
- El 48,3% de las lesiones se correspondían con factores intrínsecos al atleta.
- Y el 11,1% se debía a otros factores.
Es decir, aproximadamente la mitad de las lesiones deportivas analizadas en el citado estudio tienen una fuerte relación con componentes asociados con el comportamiento del propio deportista.
Si extrapolamos estos datos a poblaciones más amplias encontramos (Jerry R. May, 1999) que sólo en Estados Unidos se producen 17 millones de lesiones deportivas al año, y 1 de cada 3 deportistas sufren una lesión muscular durante este mismo periodo. Además, cada 3-5 años de práctica deportiva los atletas de élite sufren lesiones como para perder una competencia deportiva.
Por tanto, parece indispensable realizar un análisis de las lesiones deportivas en el que se incluyan tanto los aspectos físicos como los psicológicos, tanto para la etiología de las mismas como para sus consecuencias en la salud(5).
En definitiva, los efectos psicológicos de las lesiones físicas dependen del tipo y gravedad de la lesión y por supuesto del deportista lesionado. Así, es lógico pensar, como hemos argumentado a lo largo de estas líneas, que muchas de la lesiones pueden conducir al deportista a un estado depresivo entre otras cuestiones por las que se enumeran a continuación: temor a una nueva lesión, preocupación por perder el rendimiento logrado, y por la baja autoestima o por la imagen deformada que la persona tenga de su cuerpo tras la lesión.
BIBLIOGRAFÍA:
(1) Mendelson, D.C. (1999): “Lesiones deportivas: prevención y rehabilitación desde la Psicología del Deporte”. En www.efdeportes.com
(2) El lector interesado en este tema puede consultar los siguientes artículos de anteriores ediciones de esta misma publicación:
- De Lucas, M (2008): “Pautas para favorecer la autoestima en grandes competiciones”. PREVENIR. Vol: 33, pg: 49-53.
- De Lucas, M (2010): “Cómo sobrellevar el fracaso deportivo ante una alta expectativa”. En http://prevenir.fundacionmgd.org/fracaso.htm
(3) Weinberg, R.S; y Gould, D; (2007): “Foundations of Sport and Exercise Psychology”. Human Kinetics; 4th Revised edition.
(4) Heil, J.; Zemper, E. y Carter, C.(1993): “Behavioral factors in fencing injury”. En Proceedings 8th. World Congress in Sport Psychology (pp. 574-577). Lisboa: ISSP
(5) Reynaga, P. (2007): “Implicaciones psicológicas de las lesiones deportivas” .
En www.efdeportes.com
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