| La muerta súbita por causas cardiacas en deportistas jóvenes es uno de los caballos de batalla de la Medicina y cada dato o investigación que se realiza al respecto, además de ofrecer más conocimiento, también abre nuevos interrogantes sobre este mal que la mayoría de los especialistas atribuyen al padecimiento de alteraciones que subyacen de manera silenciosa en el corazón de los atletas y que se manifiestan cuando, por desgracia, es demasiado tarde y caen fulminados en plena competición.
Para tratar de mitigar los efectos de estas miocardiopatías ‘encubiertas’, se recomienda someter a todos los chavales que quieran encaminar sus pasos hacia el mundo del deporte de una manera más o menos seria a un electrocardiograma que pueda revelar anomalías peligrosas.
Ejemplo italiano
Concretamente, se suele aspirar a imitar el ejemplo de la región italiana de Veneto, que en 1982 puso en marcha un programa de rastreo con electrocardiograma para deportistas de todas las categorías (no sólo profesionales) y ha logrado reducir, según los datos de una investigación publicada en ‘The Jornal of the American Medical Association’ (JAMA), la muerte súbita cardiaca en un 90%.
A pesar de que, al menos aparentemente, los datos que arroja este seguimiento científico son incontestables, en España aún se están sentando las bases para implantar dichos chequeos cardiacos porque a pesar de que la ley obliga a hacer reconocimientos médicos similares a los italianos, hay muchos puntos por definir.
Entre ellos, el tema de quién los debe financiar. En las categorías profesionales este tema no suele suponer un problema, pues los mismos clubes se encargan. Sin embargo, en las infantiles, juveniles o en el deporte ‘amateur’ las lagunas son más que evidentes, dejando a estos colectivos bastante desprotegidos.
En realidad, un examen de este tipo no es demasiado caro y a todas luces compensa teniendo en cuenta el beneficio y que el desembolso es mucho menor que el que se hace para adquirir equipamiento, calzado o para desplazarse a los entrenamientos o competiciones.
Interpretar bien el chequeo
Por otro lado, además de la poca conciencia que aún existe entre la población general acerca de este tema, hay que sumar que no todos los especialistas se ponen de acuerdo a la hora de valorar la utilidad del chequeo cardiaco y, lo que es más importante, que algunos trabajos apuntan la posibilidad de que los datos que se extraen de ello no siempre se interpretan bien.
En este punto precisamente incide una investigación publicada recientemente en ‘The Journal of Pediatrics’, que cuestiona la precisión de los cardiólogos infantiles a la hora de rastrear e identificar las miocardiopatías en pequeños deportistas basándose en el electrocardiograma.
Allison Hill, de la Universidad de Standford (EEUU), fue la directora principal de un estudio en el que finalmente participaron 53 especialistas. A todos se les envió por correo electrónico y de forma arbitraria alguna de las 18 pruebas de ECG almacenadas en el Hospital Infantil Lucile Packard (California, EEUU). Ocho eran de atletas con corazones normales y el resto de deportistas con patología subyacente, como miocardiopatía hipertrófica, miocarditis, entre otras. Algunos de los 'electros' normales mostraron hallazgos comunes en los corazones de los atletas, como arritmia sinusal (es una variación del ritmo cardiaco según la respiración), ritmo auricular bajo y bradicardia sinusal.
Los datos revelan que la “precisión de las interpretaciones de los cardiólogos fue baja. La puntuación media de la precisión global fue del 67%. Los encuestados obtuvieron una sensibilidad (la capacidad para detectar la enfermedad) del 68% y una especificidad del 70% (probabilidad de clasificar correctamente a un individuo sano, es decir, que un sujeto sano obtenga un resultado negativo) para el reconocimiento de cualquier alteración en los ECG. La tasa de falsos positivos fue del 30% y la tasa de falsos negativos de un 32%", se detalla en el trabajo.
Aunque los autores admiten que su trabajo no es definitivo y que tiene algunas limitaciones (por ejemplo, lo pequeño de la muestra) sí creen que puede servir como pista para poner a los especialistas en alerta de que el electrocardiograma no siempre es el ‘patrón oro’ al descartar patologías cardiacas, ya que cuando dos cardiólogos, incluso siendo pediátricos, ‘leen’ un electrocardiograma a veces sacan conclusiones muy diversas.
Los investigadores admiten que leer un electrocardiograma no es fácil. La prueba arroja resultados diferentes cuando se le hace a un adulto y cuando se practica a un menor o un niño o un adolescente. Tampoco es lo mismo interpretar un electrocardiograma de un paciente convencional o de un deportista, ya que el entrenamiento causa una serie de modificaciones en el corazón que serían tachadas de patología en el resto de las personas.
Por todo ello, sería conveniente que los cardiólogos pediátricos y los deportivos compartiesen sus conocimientos para establecer protocolos adecuados a la hora de hacer un cribado de los pequeños atletas que fuera certero y eficaz y permitiera descartar la presencia de anomalías susceptibles de convertirse en un problema mayor.
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