Los médicos del ciclismo se lo plantearon hace años. En concreto, la comisión médica de la Unión Ciclista Internacional (UCI) dejó claro que no quiere más muertes evitables. Por medio de la implantación obligatoria del uso del casco en todas las competiciones del ciclismo profesional el organismo internacional que regula el deporte de la bicicleta ha conseguido reducir el riesgo de lesiones cerebrales graves como consecuencia de las caídas que se registran en las competiciones.
  
El fallecimiento –producido en una caída en plena carrera- del ciclista Andrei Kivilev hace siete años fue el auténtico detonante de aquella decisión. Lo cierto es que la UCI venía manteniendo reuniones periódicas con las asociaciones de ciclistas profesionales para estudiar la obligatoriedad del casco. Sin embargo, los ciclistas se mostraban muy reticientes a la adopción de medidas de protección obligatorias. La razón más importante en la que se apoyaban los profesionales de la bicicleta eran las situaciones de calor extremo en las que, según ellos, el casco puede convertirse en un factor perjudicial para la salud del ciclista.
A pesar de la entrada en vigor de la medida las asociaciones de ciclistas aún intentan suavizar la prohibición a través de excepciones como las etapas de alta montaña. Argumentan que, en los puertos más duros, la velocidad es tan limitada que las caídas no son peligrosas.
Sin embargo, las estadísticas de incidencia lesional no dan la razón a los ciclistas. Se estima que cada año se registran 900 muertes de ciclistas sólo en un pais como los Estados Unidos como consecuencia de accidentes y que el 80 por ciento de estas fatalidades corresponden a traumatismos craneoencefálicos. Más impresionante aún es la cifra de ciclistas que reciben tratamiento en los servicios de Urgencias de los hospitales como consecuencia de accidentes de bicicleta: alcanzan el medio millón de personas al año sólo en EE.UU.
En los últimos años están proliferando los estudios que analizan el auténtico impacto de la utilización de cascos protectores (también en la modalidad de ‘mountain-bike’) en la incidencia de lesiones cerebrales. En este sentido, las conclusiones del Registro Cochrane (entidad que se dedica a revisar todos los ensayos clínicos controlados y cuyo prestigio como organismo independiente crece cada año) establecen con claridad que los ciclistas protegidos con casco ven reducido en un 76 por ciento (en promedio) el riesgo de sufrir un daño cerebral de importancia. En lo referido a lesiones registradas en la piel de la cara, el casco disminuiría el riesgo en un 65 por ciento. Los datos de esta “revisión Cochrane” sitúan en un mismo nivel de riesgo el choque del ciclista contra un vehículo motorizado, contra otra bicicleta u otro elemento presente en la carretera.
En su libro “Bycicling medicine”, el doctor Arnie Baker, médico de gran prestigio en el mundo del ciclismo, formula una serie muy completa de consejos para disminuir el riesgo de lesiones en el ciclista. Uno de ellos dice de forma escueta: “ponte el casco. Siempre”. Las excusas que esgrimen los ciclistas en contra del casco, como el calor o el peso, no se sostienen ante un riesgo real de fallecimiento. Y además el casco es aerodinámico, es decir, aumenta ligeramente la velocidad del ciclista al reducir la resistencia del aire.
Una muerte evitable
Fue una de las últimas tragedias del ciclismo. Sucedió el 11 de marzo de 2003. Se disputaba ese día la segunda etapa de la carrera ciclista París-Niza, entre las localidades de La Clayette y Saint-Etienne. A falta de sólo 40 kilómetros para la línea de meta, un ciclista alemán, con un problema mecánico en su bicicleta, hace un movimiento extraño y termina provocando un accidente. Dos ciclistas del equipo Cofidis caen al suelo. Uno de ellos, el polaco Rutkiewicz, se levanta rápidamente y se reincorpora al pelotón. El otro permanece en el suelo.
Se trata de Andrei Kivilev, un ciclista de Kazajstan, cuarto clasificado en el Tour de 2001, que debe ser trasladado inconsciente al hospital de Saint-Chamond. La caída de Kivilev ha sido terrible: ha impactado de frente en el suelo, recibiendo todo el impacto del golpe en su cara. En el hospital se le somete a una tomografía computerizada (TAC) que revela lesiones de gravedad extrema. La mañana siguiente al accidente los médicos comunican el fallecimiento.
Más tarde, el doctor Jean-Jacques Menuet, médico del equipo Cofidis, es interrogado acerca de si la muerte de Kivilev pudo haberse evitado. “Si Andrei hubiera llevado casco, estaría vivo ahora mismo. Estoy convencido de esto porque las fracturas que ha sufrido en el cráneo estaban en zonas que, en el caso de llevar casco, van protegidas”.
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